Un corazón que ama a Dios
Dios no busca solamente nuestras acciones externas; Él desea un corazón que lo ame completamente y encuentre en Él su mayor tesoro.
Reflexión
El amor a Dios es el centro de una vida espiritual verdadera. Jesús enseñó que el mandamiento más importante no consiste solamente en cumplir reglas, sino en amar a Dios con todo nuestro ser. Este amor involucra nuestro corazón, nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras decisiones. Muchas veces podemos caer en una relación con Dios basada únicamente en obligaciones, pero el Señor desea una relación donde exista confianza, entrega y comunión. Un corazón que ama a Dios comienza a ordenar sus prioridades alrededor de Él, porque aquello que amamos determina la dirección de nuestra vida. Este amor no nace únicamente de nuestro esfuerzo, sino como respuesta al amor que Dios mostró primero al acercarse a nosotros mediante Cristo. Cuando comprendemos su gracia, nuestra obediencia deja de ser una carga y se convierte en una expresión de amor.
Aplicación práctica
Examina hoy qué lugar ocupa Dios en tus prioridades y pídele que aumente tu amor por Él.
Oración
Padre amado, gracias porque tú me amaste primero y me permitiste conocerte por medio de Cristo. Ayúdame a amarte no solamente con palabras, sino con todo mi corazón, mis pensamientos y mis acciones. Quita aquello que ocupa el lugar que solamente tú mereces y enséñame a encontrar mi mayor satisfacción en tu presencia. Que mi vida sea una respuesta constante a tu amor. Amén.
Para reflexionar
Referencias relacionadas: Deuteronomio 6:5 · 1 Juan 4:19 · Juan 14:15
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