El Justo por los injustos
Cristo ocupó nuestro lugar siendo perfecto, para reconciliarnos con Dios cuando nosotros no podíamos hacerlo por nuestros propios medios.
Reflexión
Una de las verdades más sorprendentes del evangelio es que el inocente decidió cargar con la culpa del culpable. Jesús no sufrió por sus propios errores, porque Él vivió una vida perfecta y sin pecado. Sin embargo, tomó voluntariamente nuestro lugar para llevar sobre sí aquello que nos separaba de Dios. La cruz no fue simplemente un ejemplo de amor; fue el acto mediante el cual Cristo abrió el camino de reconciliación entre Dios y nosotros. El Justo sufrió por los injustos para llevarnos al Padre. Esta verdad revela tanto la gravedad de nuestro pecado como la profundidad del amor de Dios. No fuimos acercados a Dios porque logramos ser suficientemente buenos, sino porque Cristo hizo por nosotros lo que nunca hubiéramos podido hacer. Cuando comprendemos esta gracia, nuestra respuesta no puede ser indiferencia, sino una vida marcada por gratitud, humildad y adoración.
Aplicación práctica
Medita hoy en que Cristo tomó tu lugar y agradece a Dios por el camino de reconciliación que Él abrió.
Oración
Padre amado, gracias porque Cristo, siendo perfecto, entregó su vida por mí. Reconozco que no podía acercarme a ti por mis propios méritos, pero Jesús tomó mi lugar y me llevó nuevamente a tu presencia. Ayúdame a vivir con un corazón agradecido, recordando siempre el precio de mi salvación. Que la cruz produzca en mí humildad, amor y un deseo profundo de vivir para ti. Amén.
Para reflexionar
Referencias relacionadas: Romanos 5:8-10 · 2 Corintios 5:21 · Isaías 53:11
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