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Hope › Devocionales › Gran Comisión
La misión de Cristo no puede realizarse solamente con capacidades humanas; necesitamos el poder de Dios para ser sus testigos en el mundo.
Antes de enviar a sus discípulos a cumplir la misión, Jesús les prometió que recibirían poder del Espíritu Santo. Esta promesa revela una verdad fundamental: la obra de Dios requiere la ayuda y dirección de Dios mismo. Los discípulos habían caminado con Jesús, habían escuchado sus enseñanzas y habían visto sus milagros, pero todavía necesitaban ser fortalecidos para cumplir el llamado que recibirían. La misión cristiana no depende solamente de habilidades, conocimiento o esfuerzo humano, sino de la presencia de Dios obrando a través de nosotros. El Espíritu Santo capacita, guía y fortalece a los creyentes para compartir el evangelio con valentía y amor. Muchas veces podemos sentirnos incapaces de hablar de nuestra fe o servir a otros porque miramos nuestras limitaciones, pero Dios no llama a personas perfectas, sino a personas dispuestas a depender de Él. Los primeros discípulos pasaron de estar temerosos a convertirse en testigos valientes porque fueron fortalecidos por el Espíritu Santo. De la misma manera, Dios nos equipa para cumplir la misión que nos ha confiado.
Antes de intentar servir o compartir tu fe, pídele a Dios que te llene de su dirección y fortaleza para hacerlo conforme a su voluntad.
Espíritu Santo, gracias porque no nos has dejado solos para cumplir la misión que Cristo nos entregó. Reconozco que muchas veces intento depender de mis propias fuerzas y olvido que necesito tu dirección y poder. Fortalece mi fe, quita mis temores y ayúdame a ser un testigo fiel de Cristo. Dame sabiduría para hablar, amor por las personas y sensibilidad para seguir tu guía. Que mi vida sea un instrumento en tus manos y que todo lo que haga para compartir el evangelio dependa de tu obra en mí. Amén.