Hijo de Dios en Cristo
En Cristo recibimos una nueva identidad: ya no somos solamente criaturas de Dios, sino hijos adoptados por su gracia y llamados a vivir cerca de Él.
Reflexión
Uno de los cambios más profundos que ocurre al conocer a Cristo es la manera en que entendemos nuestra identidad. Muchas personas pasan la vida buscando aceptación, intentando demostrar su valor o tratando de llenar el vacío de no sentirse suficientes. Pero el evangelio nos revela una verdad diferente: por medio de Cristo somos recibidos como hijos de Dios. Esta identidad no se gana mediante logros personales ni depende de nuestra perfección, sino que es un regalo de la gracia divina. Un hijo no vive tratando desesperadamente de ganarse un lugar en la familia; vive desde la seguridad de saber que pertenece. De la misma manera, Dios nos invita a acercarnos a Él con confianza, no desde el miedo, sino desde la relación que Cristo hizo posible. Ser hijos de Dios cambia nuestra manera de enfrentar la vida, porque sabemos que tenemos un Padre que nos ama, nos guía y cuida de nosotros.
Aplicación práctica
Medita hoy en lo que significa ser hijo de Dios y agradece por la relación que Cristo hizo posible contigo.
Oración
Padre amado, gracias porque por medio de Cristo me has recibido como tu hijo. Ayúdame a vivir desde esta nueva identidad y no desde la inseguridad, la culpa o la necesidad de aprobación. Recuérdame que pertenezco a ti y que tu amor no depende de mis méritos. Enséñame a acercarme a ti con confianza y a reflejar en mi vida la seguridad de alguien que tiene un Padre celestial que lo ama. Amén.
Para reflexionar
Referencias relacionadas: Romanos 8:15-17 · Efesios 1:5 · Juan 1:12
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